Entre semana, no falta el estudiante que hace pellas. O que ha aprovechado el recreo para visitar con alevosía el oscuro salón antes de regresar al aula. "Yo no les pregunto si se están saltando clases, pero es evidente. Te vienen con la mochila y con cinco euros en la mano. Es más habitual a media mañana, supongo que por la hora del recreo, pero algunos yo creo que ni pasan por el instituto o donde estudien", explica Juan, que trabajó unos meses en un salón de Madrid y lo dejó porque el sueldo no compensaba el tedio y el mal rato de ver a la gente apostar, insultar y golpear las máquinas en bucle todo el día.

A veces pides el DNI y ves que tiene los 18 años recién cumplidos. Algunos te vienen el día siguiente de cumplir la edad

Los técnicos consultados cifran en un 20-30% el total de adolescentes y veinteañeros que componen la clientela de un salón. Ninguno menor de edad, al menos que ellos sepan. "Siempre se te intentan colar, pero eso lo controlamos mucho porque al salón le puede caer un puro. Los menores vienen en grupo camuflados a ver si no los pillas. Supongo que alguno se me habrá colado. Te dicen 'echo una apuesta rápida y me voy', pero no les podemos dejar. A veces pides el DNI y ves que tiene los 18 años recién cumplidos. Algunos te vienen el día siguiente de cumplir la edad". Los adolescentes suelen hacer apuestas pequeñas con el dinero de sus padres y los veinteañeros que tienen un trabajo son algo más generosos. "Cada uno es distinto y depende del día, pero diría que la media de gasto de un chaval son 50 euros", cuenta Marta.

La máquina favorita de jóvenes y mayores es la ruleta. "Es muy sencilla de jugar y el resultado es inmediato: o ganas o pierdes, y en base a eso sigues jugando. La apuesta deportiva necesita más paciencia, hay que esperar a que se juegue el partido, y mucha gente se desespera. Pero en la ruleta se juntan 25 alrededor de la máquina y ahí echan la tarde con unas latas", cuenta Juan. "Ves a chavales que empiezan a venir con la novia y luego al poco ya vienen solos y dejan a la novia tirada toda la tarde. O el típico que un día viene con su grupo de amigos y al día siguiente ya lo tienes enganchado".

Juan recuerda el día en que tuvo que decirle a un adolescente que lo dejara ya. Casi lo despiden por ello. "En general, me daba pena ver a chavales de mi edad quemando billetes, pero un día me acerqué a un chavalito que se había dejado 800 euros en la ruleta y le dije 'tío, déjalo ya, no ves que te están desplumando'. Se lo dije disimuladamente en el mostrador. Al momento me llama el jefe. 'Me he enterado de que le has dicho a un cliente que deje de jugar'. Me cayó una buena bronca. Yo sabía que el salón está lleno de cámaras pero no que algunas tenían micrófono. Los jefes se pasaban el día controlando el salón desde sus ordenadores mediante un programa de 'streaming'. Aquello era como un 'Gran Hermano'. Recuerdo que un día cogí un Red Bull, me vieron y me dijeron que si lo quería lo tenía que pagar. Entre que no me gustaba el ambiente y ese control, lo dejé a los tres meses".

Alcohol gratis para los buenos clientes

Ser técnico de sala en un salón de apuestas es sencillo. No requiere formación y el sueldo ronda los 1.100 euros brutos más algún extra por buen comportamiento y las propinas, que no suman más de 30 o 40 euros al mes en salones pequeños de barrio. Total: 1.000 euros raspados cada mes. "Yo llegué a esto por una oferta en Infojobs. Te enseñan cómo funcionan las máquinas, cuáles son las llaves para coger la recaudación y las cuatro cosas básicas", cuenta Alberto. "Y luego están las recomendaciones. La primera, que al cliente no se le puede molestar. Da igual si se pone violento o se cabrea dando un golpe a las máquinas, si es buen cliente se le invita a una cerveza y ya está. Lo de invitar a alcohol a la gente que ves que se está dejando dinero en las máquinas es lo más habitual. Si son chavalillos, también se les da cerveza gratis mientras gasten".

Hasta la patronal de los salones de juego se reconoce "asustada" por el enorme crecimiento de este tipo de negocios en los últimos años

Una de las cosas que llevan peor son las promociones: "No me gustaba ir por la sala diciéndoles a los chavales que apuesten, pero era mi trabajo y tenía que hacerlo. 'Si echas 10 euros a los galgos entras en el sorteo de una Xbox' y cosas así", recuerda Juan.

Los técnicos de sala reconocen que a pesar de los precios el consumo de alcohol es moderado, y que rara vez los clientes se emborrachan fuerte dentro de la sala. Lo que sí ven son sospechosas visitas a los baños que luego se traducen, a la hora de limpiar los aseos, en restos de cocaína en el mobiliario, en especial los fines de semana. "Pero los chavales al final dan pocos problemas. Son los más mayores, en concreto los inmigrantes, porque a mi salón venía mucha gente del Este de Europa, los que se ponen violentos si palman en la ruleta. Te gritan que la máquina está trucada y se ponen a darle golpes y te encuentras tú solo ahí aguantando el chaparrón. Eso con las máquinas de apuestas deportivas no ocurre porque va en función del resultado del partido. Cada día hay algún jaleo y al segundo día de empezar, los jefes te dejan solo. Habría que poner vigilantes de seguridad en los salones porque se viven momentos muy tensos", avisa Alberto.

Los salones necesitan vigilantes de seguridad, hay momentos muy tensos ahí dentro

José Antonio Gómez, profesor de Sociología en la Universidad Carlos III y autor del informe 'Percepción social sobre el juego de azar en España', patrocinado por la Fundación Codere, retrata el cliente tipo y rebaja el nivel de alarma social: "Es un perfil básicamente joven, con mucha presencia de inmigrantes. Suelen acudir en compañía. El salón ocupa el papel de los antiguos bares de barrio, se convierten en centros de reunión de los jóvenes que juegan a las máquinas de deportes y a las ruletas porque les divierten. Las apuestas deportivas son un espacio de socialización, en muchas casas de apuestas los clientes se quedan en el salón a ver los deportes y a ir comentando el partido mientras van jugando", afirma. "La gente no acude por el alcohol. Que te inviten a una cerveza por ser buen cliente es normal, es como asistir a la presentación de un libro y que te inviten a un vino".

Para Beatriz Martín Padura, directora general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, insinuar que los jóvenes son responsables a la hora de apostar su dinero es "banalizar" el problema. "Es como lo del consumo responsable de alcohol. El objetivo es hacer creer al jugador que tiene el control, que el dinero que pierde hoy lo recuperará al día siguiente, y eso no es real. Es una pelota que genera frustración, agujeros económicos y problemas familiares. Tenemos constancia de muchos casos en los que el nieto le ha cogido la tarjeta a la abuela y ha gastado miles de euros". Según el Plan Nacional sobre Drogas, 140.000 adolescentes de entre 14 y 18 años apostaron 'online' con dinero real en 2016.

Según el Plan Nacional sobre Drogas, 140.000 adolescentes de entre 14 y 18 años apostaron 'online' en 2016

El porcentaje de menores de edad con problemas de adicción al juego triplica el de la población general, según datos del Programa Ludens, desarrollado en la Universidad de Valencia. Al cumplir los 18 años, esa prevalencia se duplica "debido a que ya no tienen restricción alguna" para apostar. Pueden hacerlo desde sus móviles y ordenadores como desde las más de 6.000 salas de apuestas y salones que actualmente hay en España.

El sociólogo José Antonio Gómez insiste en que hay un alarmismo injustificado: "España es de los cinco países del mundo con menor tasa de juego problemático. Los casos de ludopatía diagnosticados no superan los 7.000. Por suerte, en España no tenemos un problema social en este sentido. En algunos puntos de Madrid hay una concentración de salones excesiva y la publicidad del juego 'online' es agresiva, de acuerdo, pero los datos demuestran que no existe un problema de ludopatía creciente por culpa de los salones de juego".

No buscan barrios pobres

Los empresarios del juego, representados por la Asociación Española de Empresarios de Salones de Juego y Recreativos (Anesar), aseguran que no buscan los barrios humildes para instalar sus salones, y que por lo tanto es falso que el perfil del apostante sea un hombre con pocos estudios y bajos recursos. Gómez sostiene esta tesis: “Se instalan en las zonas de mayor circulación porque necesitan ser vistos. Un salón es una inversión muy grande, unos 400.000-500.000 euros en Madrid, y no puedes permitirte estar en una calle secundaria. ¿Dónde puedes instalar un local amplio en una zona transitada? En la calle Serrano o en la Castellana el alquiler de esos locales es inaccesible, por eso se concentran más en los barrios con menor presión inmobiliaria. Es un sesgo decir que los empresarios buscan barrios humildes para aprovecharse de la gente más necesitada".

Se instalan en las zonas de mayor circulación porque necesitan ser vistos, por eso hay más en los barrios con menor presión inmobiliaria

Ese argumento lógico contrasta con los volúmenes de negocio que mueven las casas de apuestas, especialmente en el juego 'online'. En 2018, el gasto en 'marketing' superó los 300 millones de euros, 170 de ellos en publicidad. Según el 'Primer informe trimestral de 2019 sobre la evolución del mercado del juego online', del Ministerio de Hacienda, el sector obtuvo 193,25 millones de euros de beneficio bruto, lo que supone un aumento del 2,14% respecto al trimestre anterior y un aumento del 20,10% respecto al mismo trimestre de 2018. Eso solo en apuestas 'online'. En lo que respecta a salones de juegos, en España ya hay 6,63 locales por cada 100.000 habitantes, y creciendo.

"A los empresarios les va muy bien", asegura Marta. "En mi salón, que es uno normal de barrio fuera de Madrid, cada máquina de apuestas hace 2.500 euros en un día bueno, como por ejemplo una jornada de Champions League. Hay cuatro máquinas, así que son 10.000 euros. Luego, aparte, la ruleta, que en mi caso tiene ocho puestos y saca unos 2.000 euros cada uno. En salones grandes, tienen que recaudar muchísimo más".

Cada máquina de apuestas hace 2.500 euros en un día bueno. Las de la ruleta, 2.000

Hay tanto dinero en juego que la consigna de los dueños de los salones a sus empleados es clara: "Me dijeron que hay gente intocable. No es lo mismo un chaval que echa cinco euros a la ruleta que el señor que apuesta 1.000 euros. Ese puede golpear las máquinas todo lo que quiera, y se le invita a alcohol o no se le cobra la copa que ha pedido", explica Alberto. Las recomendacioners son iguales en todos los salones. "Te dicen que pase lo que pase dejes a la gente jugar, que les invites a alcohol. Y me costó problemas porque yo he llegado a ver situaciones extremas. Como un hombre de unos 45 años que se dejó 3.000 euros en la ruleta e intentó vender su móvil a los demás clientes para seguir jugando. Nadie se lo compró", recuerda Juan.

Marta sentencia: “Yo le cogí cariño a alguno de los chavales. Había algunos que me pedía que les guardase parte del dinero y no se lo diese por mucho que me lo pidieran. Iba contra las normas, pero yo lo hacía. 'Aunque venga luego, tú no me lo des', me decían. Luego algunos venían desesperados a por su dinero porque estaban perdiendo en la ruleta. ¿Si se lo daba? Pues claro, yo no soy la madre de nadie".

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